4 de Mayo de 2026
4 de Mayo de 2026
Por Rodrigo Munizaga
Con una costa de 6.400 km y una industria acuícola que ya genera US$ 8.500 millones anuales, una hoja de ruta pionera en su tipo (al integrar al sector público, privado, academia y comunidades locales) propone los pasos para una acuicultura de algas que beneficie a la sociedad civil local y a los ecosistemas.
Con un volumen que supera las 428.000 toneladas extraídas en 2024, Chile se alza como el líder indiscutible en la recolección global de algas, superando incluso a China por el doble en esa categoría. Pero existe un desequilibrio crítico: el 97%de esta riqueza proviene de praderas naturales, mientras que solo un 3% surge de cultivos controlados. Ante este escenario, The Nature Conservancy Chile, una de las organizaciones ambientales más influyentes del mundo, y la ONG latinoamericana Mayma, que promueve el desarrollo de una economía consciente, con apoyo de la Fundación Walmart, lanzaron en febrero pasado la ambiciosa Hoja de Ruta para el Desarrollo Sostenible de la Acuicultura de Algas. Esta iniciativa busca dar un giro hacia el cultivo responsable, presentándolo como una vía regenerativa (el medio para lograr una industria de seguridad alimentaria de alto valor protéico), rentable e inclusiva que logre aliviar el estrés sobre los ecosistemas oceánicos en el país.
Esta industria no solo es vital para el ecosistema, sino que inyecta cerca de US$100 millones a la economía nacional y da sustento a más de 75 mil trabajadores, mayoritariamente en zonas costeras. Paralelamente, Chile se ha consolidado como un gigante en la acuicultura de salmón, garantizando una cuarta parte de la oferta mundial, según afirma la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura en sus anuarios. Sin embargo, este éxito conlleva una responsabilidad: aún persisten desafíos ambientales severos por la sobreexplotación y las técnicas de producción intensiva. Estas prácticas actuales ponen bajo la lupa la salud de los mares y la viabilidad a largo plazo de esta crucial fuente de ingresos.
Del total de desembarque artesanal registrados durante el año 2024, el alga con la cifra más alta es el huiro negro o chascón, con 233.300 toneladas. Seguido por el huiro palo, con 52.517 toneladas, y por el alga pelillo, con un desembarque anual de 49.109 toneladas. Aunque esta actividad se desarrolla en centros ubicados en las regiones de Atacama, Coquimbo, Biobío, Los Lagos y Aysén, son las comunas de Maullín y Ancud (Región de Los Lagos) donde se concentra la mayor cantidad de parcelas de cultivos.
Según informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Chile ocupa el puesto 11 en producción acuícola de algas a nivel mundial, alcanzando 13 mil toneladas durante el año 2022. Esto lo ubica por debajo de las potencias asiáticas en cultivo de algas, pero liderando la producción de países americanos de este recurso.

“Como TNC Chile, llevamos años trabajando en nuestra estrategia oceánica, estrechamente vinculada a las pesquerías y a la colaboración con el sector público para hacerlas más sostenibles. Trabajamos intensamente con las comunidades en áreas de manejo de recursos bentónicos (organismos marinos, principalmente invertebrados y algas, que viven asociados al fondo del mar), buscando generar desarrollo económico local con protección ambiental y alineando los incentivos adecuados”, explica Juan José Donoso, director de The Nature Conservancy en Chile, sobre las razones que tuvieron para realizar esta hoja de ruta.
Bajo esta visión, cuenta, gestionaron hace más de 20 años la Reserva Costera Valdiviana, donde las comunidades realizan diversos usos sostenibles de los recursos marinos. “Esto nos lleva al tema de las algas: una industria que hoy enfrenta serias amenazas por la extracción no sostenible. Debemos entender que los bosques de algas no solo son ecosistemas de altísimo valor para la biodiversidad, sino que su uso responsable es clave para el desarrollo social y económico de las comunidades costeras”, añade Donoso.

El estudio se realizó gracias a la reunión de comunidades costeras, representantes del sector público y privado, academia, organizaciones sociales y expertos del país. A través de entrevistas, talleres y visitas a terreno -durante todo 2025- se construyó una visión compartida sobre el enorme potencial de las algas como motor de desarrollo económico, social y ambiental. Una hoja que se considera pionera en su tipo, por su enfoque integral y colaborativo -aunque ha habido otros esfuerzos de planificación en el sector, como la Política Nacional de Algas de 2016-, integrando a cuatro actores clave simultáneamente: sector público, privado, academia y comunidades locales.
“La Fundación Walmart apoyó a The Nature Conservancy en el desarrollo de la Hoja de Ruta para la Acuicultura de Algas Marinas, con el objetivo de mejorar la calidad del agua y reducir las emisiones cerca de las granjas de salmón, aliviar la presión sobre los ecosistemas críticos de algas marinas silvestres, y generar nuevas oportunidades de ingresos para las comunidades locales”, dijo Chelsea Scantlan, directora en la Fundación Walmart.
Chile se ha consolidado como una potencia acuícola global, ocupando el quinto puesto en producción marina y costera, con más de 1,5 millones de toneladas en 2022. Ante el estancamiento de la pesca extractiva y el alza en la demanda de alimentos, la acuicultura sostenible surge como una solución para garantizar el suministro sin agotar la biomasa natural, señala el estudio. El país destaca especialmente en los mercados mundiales de moluscos y salmón, donde mantiene un segundo lugar.
¿Qué soluciones plantea esta hoja de ruta? Hay ocho puntos clave: fortalecer la coordinación intersectorial; simplificar procesos y mejorar la incorporación de la ciudadanía y de profesionales técnicos en la elaboración o actualización de normativa o regulaciones; asegurar que la infraestructura operativa y de transporte se adecue a las necesidades de las algas y su adecuada manipulación; integrar saberes locales con formación empresarial, facilitando el acceso a financiamiento de impacto; implementar mentorías continuas y espacios colaborativos para fortalecer la sostenibilidad de los emprendimientos; desarrollar productos innovadores y conectar a productores con consumidores, promoviendo el consumo interno y la exportación; impulsar policultivos y fomentar la regeneración de ecosistemas; y diseñar e implementar una estrategia integral de comunicación y movilización que permita visibilizar la hoja de ruta, fortalecer el compromiso de los actores involucrados y atraer nuevos aliados.
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