WHY

28 de Septiembre de 2026

Los WHY de la capitana de “Las Diablas”

28 de Septiembre de 2026

Manuela Urroz lleva 17 años en la selección femenina de hockey césped chileno y, en un año intenso por ir por segunda vez consecutiva al Mundial, cuenta el porqué de las decisiones que ha tomado en su vida: estudiar derecho cuando ya era deportista de élite, dejar la liga europea luego de siete años para devolverse a Santiago o renunciar recientemente a su trabajo en el mundo corporativo. “Estoy en los años finales de mi carrera”, dice, mientras se proyecta a futuro: “Me encantaría trabajar en el Ministerio del Deporte”.

Por Rodrigo Munizaga. Fotos: Orel Carrasco.

Terminan las tres horas de práctica de la selección femenina de hockey césped en la cancha azul del Centro de Entrenamiento Claudia Schuler, al interior del Parque Estadio Nacional, y Manuela Urroz Richter (34) busca una bocha para las fotos de esta entrevista. Pero ya se han llevado todas las pelotas con las que se juega a este deporte. La capitana de “Las Diablas” (apodo que partió con la selección masculina de hockey césped, a quienes bautizaron como “Los Diablos”, y que se extendió cuando el equipo de mujeres empezó a consolidarse) dice que cada mañana, de lunes a viernes entre las 7:00 y las 10:00 AM, es igual: terminan de entrenar y todas se van rápidamente a sus respectivos trabajos o universidades. Casi ninguna puede dedicarse exclusivamente a la selección. Salvo Manuela, en una decisión que tomó hace muy poco.

A fines de mayo pasado, la deportista dejó casi cuatro años en Decathlon Chile, donde era encargada de Relaciones Corporativas y Estrategia de Comunicaciones de la multinacional. Como el resto de sus compañeras de la selección, también debía correr del entrenamiento al trabajo, en una doble militancia que decidió frenar, para volcarse de lleno a la preparación para el Mundial de Hockey Césped Femenino de 2026, que se realizaba del 15 al 30 de agosto en las ciudades de Amstelveen (Países Bajos) y Webre (Bélgica). La segunda vez del equipo, luego de su participación en el Mundial de 2022 y de clasificar para el de este año, el 8 de marzo pasado.

“Sentí que llegó el minuto de entregarme por completo a este equipo y al deporte”, dice Manuela Urroz. “Me sorprendo también de la decisión que tomé a estas alturas, siendo quizás la más experimentada y estando en los últimos años de carrera, pero la tomé por una convicción”, señala. Y profundiza sobre el por qué: “Quiero disfrutar estos últimos años, de los próximos desafíos que se vienen con Las Diablas en el Mundial, de buscar la clasificación a los Juegos Olímpicos (de Los Ángeles 2028, un evento al que no han logrado llegar). Creo que el equipo también merece a una capitana que esté de lleno y con todo lo que se requiere: poder cuidarme, entrenarme al máximo, recuperarme y descansar, algo fundamental en el deporte, pero que muchas de nosotras no podemos tenerlo por las vidas que llevamos”.

Un cambio en su vida que va de la mano de otra decisión más íntima: a comienzos de agosto, y a través de su cuenta en Instagram, anunció su compromiso con el periodista Sebastián Molina, director y fundador del medio digital DLT Sports. Lo hizo sobriamente, en el estilo que ha marcado su imagen pública, hasta ahora sin hablar de su vida personal: con un par de fotos sin textos y un video sin palabras en el que le mostraba el anillo a sus familiares y amigos.

Las decisiones que ha debido tomar

Dicen que la sangre tira. Su abuelo Francisco fue seleccionado nacional de fútbol y parte del equipo que disputó el Mundial de Brasil en 1950. Su tía Silvana es considerada una de las tenistas profesionales más importantes en la historia de Chile. Que ella y su hermano Francisco -actual seleccionado de rugby- se dedicaran a la alta competición parecía un camino predestinado.

“Siempre en nuestra familia el deporte fue parte de la dinámica, de nuestra rutina, de nuestras vidas, y siempre supimos que iba a ser parte muy importante de nuestro día a día”, dice Manuela, que partió jugando hockey césped a los 8 años en su colegio, el Redland School. Aunque añade inmediatamente un matiz: “Eso no condiciona a que no pudiésemos tener carreras paralelas y desarrollarnos en otros ámbitos. A pesar de que el deporte siempre fue fundamental, nosotros también quisimos desarrollarnos en otros aspectos y por eso finalmente yo terminé estudiando Derecho y mi hermano Medicina”.

Manuela tenía 13 años cuando integró la selección chilena juvenil de hockey y 17 cuando debutó en el equipo adulto. Un año después entró a la Universidad Católica y, entonces, tuvo que alternar los estudios con su carrera deportiva. Aunque aprobó su examen de grado a fines de 2015, tuvo que tomar una de esas decisiones difíciles que han marcado su trayectoria: se fue a Europa a jugar en ligas profesionales de Bélgica y Países Bajos, postergando su práctica profesional como abogada hasta la pandemia, jurando ante la Corte Suprema en 2022.

“Sé que he tenido que priorizar cosas en mi vida y dentro de esas prioridades, en los últimos años, fue estar mucho tiempo en Europa dedicada cien por ciento al deporte, lejos de la familia, no poder comenzar una carrera laboral como lo hace la mayor parte de las personas que estudiaban mi carrera o la mayor parte de las personas de mi edad, por tener un estilo de vida distinta”, dice la capitana de “Las Diablas”.

¿Por qué decidiste volver a Chile, en vez de quedarte en Europa?

Porque ya llevaba siete años, había estado seis en Bélgica, uno en Países Bajos y, primero, extrañaba mucho a la familia, a mis amigos. Quería también comenzar a tener nuevos desafíos paralelos a nivel profesional. Fue una decisión difícil y hoy también extraño mucho la liga en Europa. Pero sentía que llegaba un momento donde quería entregarme, poder estar en el día a día con Las Diablas. Muchas veces viajaba directo a una gira, me juntaba con el resto del equipo para una competición de forma directa y me perdía mucho del día a día. Creí que había llegado a una etapa donde podía devolver mucho más a la selección y creo que fue la mejor decisión para ese momento.

¿Qué otras decisiones de vida has tomado por la alta competencia?

Bueno, al volver a Chile tomé otras decisiones, como retrasar la maternidad, que es una decisión también obviamente en pareja. Son decisiones que uno tiene que ir tomando en el camino para poder entregarse al máximo al alto rendimiento y a los objetivos que uno tiene. El alto rendimiento cada vez te exige más y cada vez uno se quiere entregar más.

¿Cómo se compatibiliza la vida de una deportista de élite con tener pareja, hijos y tiempo para la familia y amigos?

La vida del deportista de alto rendimiento es compleja. Primero, porque es difícil de entenderla. Además de todos los altos y bajos que uno vive, el desgaste físico que significa priorizar tu vida y armarla en fusión del alto rendimiento. Por eso es fundamental el apoyo de la familia, de la pareja, y creo que para poder rendir en distintas áreas, como lo hace la mayor parte del equipo, se necesita el apoyo de distintas instituciones, en el área laboral o en la universidad, como me ha pasado a mí. Creo que el alto rendimiento es un estilo de vida. Finalmente, hay poco tiempo para las vacaciones, poco tiempo para ver a los amigos y lo que es muy duro, poco tiempo para ver a la familia, para estar con la pareja. Pero es algo que también te desafía mucho, que te llena, que te mueve, que te hace desafiarte al máximo de tus capacidades hasta llegar al límite. No, yo no lo veo como una pérdida.

El semiprofesionalismo del hockey nacional

Equilibrar el deporte de élite con el mundo corporativo, dice Manuela Urroz, fue otra decisión de vida. Entrenamientos intensos y competencias en el extranjero los vivió durante cuatro años trabajando en Decathlon. Desarrollar su carrera profesional como abogada, apunta, era una deuda pendiente.

“Necesitaba contar con una empresa donde se apoyara al deporte nacional, me hacía mucho sentido entrar a trabajar también a una empresa donde el deporte es parte de su ADN y de su negocio y por eso, bueno, entré a Decathlon, donde se me dieron muchas facilidades y oportunidades”, señala. “Creo que hoy, en la situación actual que vive el hockey chileno, donde no es profesional, no se nos paga por dedicarnos a esto, no se puede vivir al cien por ciento de esto. Muchas jugadoras tienen que compatibilizarlo con sus estudios, con sus carreras profesionales y con la carga que hoy tenemos, donde estamos tratando de llegar a esa élite del hockey, es imposible compatibilizar ambas áreas sin contar con apoyo”.

Para la capitana de la selección de hockey césped, el mundo corporativo y deportivo tienen puntos en común: dinámicas de trabajo en equipo, de disciplina, organización y liderazgo. “Ser buena capitana o líder de un equipo es muy desafiante. Algo que tratamos de fomentar mucho en Las Diablas es que todas tengan su rol para aportar al colectivo. Cada uno tiene sus cargas, sus vidas y en etapas distintas: hay jugadoras de 20 años y de 35, y uno siente que cada una está priorizando la selección, entregando todo de sí dentro de este semiprofesionalismo, por catalogar lo que vivimos. Y no porque no estemos como profesionales, sino porque no nos podemos dedicar al cien por ciento a esto”.

Para Urroz, eso es lo que más le inquieta y explica por qué: “El ser parte de la selección no te dan ni siquiera un bono. Hoy, la realidad es que parte del equipo recibe la beca de PRODDAR (Sistema de Becas para Deportistas de Alto Rendimiento), una beca económica del Estado que se entrega a medida que uno tiene logros. A diferencia del deporte individual, el colectivo es una realidad distinta, porque en este equipo somos más de 30 jugadoras, pero en algunos torneos juegan 18 o 20, por lo tanto solo las jugadoras que van al torneo y que son parte de ese logro, de esa medalla, obtienen la beca”.

¿Y cómo se lidia con esa realidad en un equipo que por segunda vez consecutiva va a un Mundial?

A ver, cómo decirlo: la beca hoy, para muchas jugadoras -porque al final nosotras tratamos de repartirlo entre todas-, es un apoyo, pero no pueden vivir de eso. Lamentablemente, nosotras tratamos de que cada una por su lado pueda también, junto con sponsors, apoyarse para desarrollar su carrera de la mejor manera, pero es un semiprofesionalismo porque es muy difícil hoy poder vivir del hockey en Chile. No tenemos una liga profesional, como sí existe en otros países del mundo. La federación ha crecido muchísimo, ha hecho un gran trabajo, pero hoy no contamos con fondos de la Federación Internacional, como lo tienen algunos deportes. Y creo que es algo que a los próximos años el hockey nacional tiene que aspirar a crecer, de llegar a ese momento en que todas las horas puedan dedicarse a esto y estar acá toda la mañana entrenando. Uno tiene que ir a competir contra equipos que son cien por ciento profesionales. Y eso no es fácil.

Referente femenino

Este año ha sido intenso para la deportista. Tras la clasificación para el Mundial de Hockey Césped Femenino, en marzo pasado, apenas descansaron un par de semanas antes de seguir entrenando para el torneo de la segunda quincena de agosto. “Estuvimos muchos meses jugando partidos de preparación, entrenando mucho en esta cancha y en algunas giras”, cuenta.

“Las Diablas” participaron en junio de este año en la FIH Hockey Nations Cup (Copa de Naciones), donde lograron quedar en cuarto lugar, y la preparación para el Mundial no solo ha sido física, sino también psicológica y de tácticas de juego, aunque a Manuela Urroz le ronda otro tema y habla con pasión sobre los pendientes del hockey césped femenino, no solo porque le compete directamente sino también porque quiere extender su carrera, una vez que deje de jugar, en ese ámbito.

“A mí el deporte me mueve y es algo a lo que me quiero dedicar también a nivel profesional cuando se acabe de mi carrera como deportista”, dice. Y se explaya: “Más que como entrenadora, la verdad es que lo he hecho parte de mi vida, me apasiona mucho. Hago muchas clínicas alrededor de Chile y en distintos clubes, porque me encanta tener contacto con las niñas de nuevas generaciones. Poder inspirar me mueve mucho, que las nuevas generaciones puedan tener referentes y soñar con ser deportistas. A mí me faltó tener más referentes mujeres deportistas y me encanta poder serlo”.

¿Entonces, a futuro, te ves en un ámbito más administrativo dentro del deporte?

Sí, creo que me veo desde un ámbito más institucional, más administrativo. Me encantaría trabajar en el Ministerio del Deporte, a nivel público, a nivel privado. Creo que hay mucho por hacer y me encanta tener esta experiencia como deportista que se puede aportar.

Hablabas de que no tuviste referentes deportivos femeninos. ¿Qué te pasa cuando dicen que eres “la mejor hockista chilena de todos los tiempos”?

He hecho una carrera bastante larga, una trayectoria también en el extranjero, con muchos partidos internacionales por Chile. Creo que es un honor que te lo digan. No me siento cómoda diciéndolo yo, pero que te lo digan se siente orgullo. Pero no me quedo solo con eso, creo que me quedan muchos sueños por cumplir con el equipo. Siento que a pesar de que quizás estoy en los años finales de mi carrera, me quedan muchas cosas por cumplir con Las Diablas.


Alimentación y alto rendimiento

En un estudio de Activa Research para Walmart Chile, el 32% de los encuestados declaró haber mejorado su alimentación en el último año. Como deportista de alto rendimiento, para Manuela Urroz esas son buenas noticias y parte de una preocupación que tiene: “El alto rendimiento nos exige a todo ámbito. Por eso nos cuidamos de la alimentación y tenemos que planificar toda nuestra vida en relación a eso, lo que también requiere mucha dedicación y también sacrificios a nivel personal. Pero creo que esto es lo que conlleva el alto rendimiento: una escuela de vida que te enseña constantemente”.

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