Más que clavos y tornillos: el rescate de la identidad de un negocio de barrio en San Miguel

6 de Enero de 2026

4 min. de lectura

Javier Hurtado, gerente general del Grupo Ashya, tuvo una infancia difícil y ha llevado una vida dedicada al trabajo. Hace unos meses, en San Miguel, abrió una ferretería donde vende a granel (“como era antes”), pero también ofrece sus productos en el Marketplace de Walmart. Estudió contabilidad y hoy tiene tres negocios, con una máxima: trabajar solo en familia.

Por Rodrigo Munizaga | Fotos: Cristián Martínez

Javier Hurtado (55) nació en Quinta Normal, creció en Villa Lo Arrieta, Peñalolén, y partió trabajando cuando tenía 8 años, acompañando a su mamá en el kiosko donde vendía dulces y diarios. Piensa un rato y dice: “Mis raíces son bastante sacrificadas, vengo de una población. Y ha sido puro trabajo”.

Egresó de un colegio técnico con el título de contador, pasaron muchos años para lograr estudiar auditoría y hoy divide su tiempo contratado como gerente de finanzas en la fábrica de lámparas Luminotecnia -donde lleva 15 años-, pero también con tres negocios: uno de servicios integrales en gestión contable, laboral y administrativa; otro de transportes y un tercero que se sumó en junio de 2025: una ferretería. Todos, bajo el nombre de Grupo Ashya, que viene de Asesorías Hurtado y Álvarez, su apellido y el de su esposa, también contadora.

Como muchos negocios en Chile, hasta ahora ha tenido una máxima: todo está a cargo de un familiar, nadie externo. Su hija -contadora- y el marido de ella manejan la empresa de transportes, que trabajan en el aeropuerto para una agencia de aduana, sacando cargas y haciendo despachos. Y fue la búsqueda de una casa, en San Miguel, que lo llevó a dividir ese espacio en el lugar donde viven, su oficina y el negocio de la ferretería, que manejan su cuñado y la esposa de él.

¿Por qué una ferretería?

Salimos a buscar qué es lo que la gente necesitaba. Y nos dimos cuenta de que estábamos llenos de minimarket, pero no teníamos ferretería en el sector. “Ese es el negocio”, dije. Sin tener idea de ferretería, la verdad.

También decidió digitalizarse.

Sí, en junio empecé a buscar los market y de BCI pymes me llegó un correo en julio de que podíamos participar en Walmart, con costos bajos. Probamos a partir de septiembre, porque estábamos con otros dos market, pero en costos nos convenía Walmart, porque los costos asociados al despacho son bastante menores que el resto. Hay costos fijos que te cobran y Walmart no los tiene, solo un porcentaje, que es bastante más bajo. De un 8 a un 18 por ciento, dependiendo del producto. Por una herramienta es un 14%, pero por un químico es un 10%. Y justamente lo que más hemos vendido son químicos.

Cuenta que porcentualmente las cifras de ventas digitales han ido incrementándose desde que comenzaron en septiembre. “Partimos vendiendo dos productos (herramientas), pero ahora son más de 30 al mes, nos ayuda la reputación de Lider”, señala sobre lo que prefieren sus clientes, repartidos por todo el país.

De lunes a lunes

Dice que en un futuro piensa en descansar, cuando cumpla 65 años, pero reconoce que trabaja “de lunes a lunes”.

En el negocio familiar, ¿quién dirime cuando no están de acuerdo?

(Se ríe) En estos últimos dos años con mi hija nos hemos peleado a muerte. De no hablarnos. Soy como Kiko, de El Chavo del Ocho: “La pelota es mía”. Y ahí es donde chocamos, porque también me equivoco y me cuesta dar mi brazo a torcer. Pero la mayoría de las veces tomamos la decisión en conjunto. Yo tengo un voto asegurado, porque soy yo y mi señora, jaja.

¿No hay descanso?

No existe día de descanso, trabajo de lunes a viernes de 08 a 5.30 en la empresa de lámparas. A las 7 de la tarde mi señora está en la ferretería hasta las 8.30 de la noche y yo la ayudo a cerrar mientras veo el trabajo de contabilidad. Y estoy en la ferretería fin de semana por medio. Pero como es juguete nuevo, estamos felices.

Me imagino que ahora sí sabe de ferretería.

Ahora sí. Hemos aprendido con los proveedores, con un maestro que trabajó acá. Yo no sé poner un clavo, se me va con el viento (risas), pero sí sé cómo utilizar el martillo.

De los productos, los más vendidos son el cloro en tableta, el ácido muriático, la pasta en bolsa de a kilos, los flexibles para agua y gas y pintura. Luego plantea:

Las grandes cadenas se comieron mucho los negocios chicos. La gente sacaba costos al lápiz, no venía con una preparación estructurada para mantener un negocio. El público, en general, pasamos de comer pan con margarina a comer jamón entre los años 80 y el 2000, porque Chile cambió mucho y nos creímos el cuento que las grandes empresas daban lo que una pyme no podía. Y hoy me doy cuenta que se puede convivir. Las pymes pueden ofrecer un buen servicio.

Como su negocio de barrio.

Claro. De a poco viene gente, anda buscando “la cosita que va debajo de la cosita”. Y hoy entendemos y sabemos cómo ayudarlos. Nuestra idea siempre fue darle una identidad de barrio al negocio. Antiguamente ibas a comprar un cuarto de arroz, un cuarto de aceite, y hoy todos los productos los tenemos en solitario: una caja de tornillos la abrimos y la dejamos a granel, entonces se llevan 10 o la caja, pero eso lo encuentran acá, en un negocio de barrio. Compran solo lo que necesitan.

Lee la entrevista completa en la revista digital WHY, en walmartchile.cl

También te puede interesar