Por Paz Radovic y María José López. Fotos: Cristián Martínez.
A Santiago Muzzo le plantearon un objetivo cuando asumió como gerente general de la empresa Wenco en 2008: su dueño, Anselmo Palma Pfotzer, cada cinco años quería lograr duplicar la compañía familiar a la que tanto le había dedicado su padre.
Pero el escenario en el que debutaba Muzzo no era el mejor. En plena crisis subprime, él, un ingeniero civil industrial con mención en mecánica de la Universidad Católica y un MBA en la Universidad de Duke, EE.UU., venía de un mundo diametralmente distinto al que fuera el principal fabricante de plástico para uso industrial, agrícola y doméstico del país. Era un emprendedor que recién había dejado su negocio Bazuca.com, un portal para arrendar y comprar películas que se distribuían a domicilio.
Quizás por eso le dio a entender a Palma que no era el perfil esperado para el cargo. Alejado de los tecnicismos de la producción de plásticos para la exportación de fruta, el ingeniero venía del mundo del e-commerce, del mundo del emprendimiento. Pero contraria a la respuesta que pensaba, el fundador le comentó que era eso lo que buscaba: innovación y nuevos caminos de desarrollo.
En 2008 Wenco S.A., fundada en 1954, facturaba US$ 70 millones. Desde que Anselmo Palma adquiere el 100%, en 18 años, se había multiplicado por cinco y la compañía ya tenía planes de expansión que concretaron en 2010 con Perú y más tarde, en 2012, con Colombia.
Hoy, Wenco cuenta con un directorio de primer nivel, con un ambicioso plan de expansión internacional, el enfoque circular y la diversificación de productos para nuevas industrias como la minería y la construcción.
Aunque Wenco no ha logrado duplicarse cada cinco años, sí cerró el 2025 facturando US$ 250 millones, cuenta con más de 150 patentes de productos, alrededor de 1.500 trabajadores y fue premiada como el mejor proveedor del año en la Cumbre de Proveedores 2025 de Walmart.

Con 17 años en el cargo, Santiago Muzzo analiza lo que han sido estos años de impacto y las razones del éxito del gigante del plástico resumiéndolo, entre otras cosas, por su cultura interna muy potente, con un sentido de responsabilidad y compromiso muy marcado.
Partamos por el origen. ¿Cómo se cuenta la historia de Wenco?
A mí me gusta contarla como muchas otras empresas chilenas que han tenido un desarrollo en el tiempo. Si uno piensa en Falabella y en su inicio en el centro de una sastrería, por ejemplo, bueno, Wenco también tiene lo suyo: parte en Franklin, con una bodega chica, donde Jorge Wenborne Prendergast y su mujer comenzaron vendiendo menajes en la época de 1954. Ahí parten haciendo productos de todo tipo, cosas como manillas de olla, flores artificiales, hasta muñecas.
¿Algún producto en particular que haya sido conocido como el primer producto que se fabricó en Franklin?
No uno en particular, pero sí se trataba de llevar los plásticos donde era más útil. Por ejemplo, envases de perfumería. Todo esto, al principio, sin una visión de negocio tan clara o con el fin de convertirse en una industria. Solo se estaba tratando de incorporar una tecnología que tenía ventajas de costo y propiedades, que era liviano, resistente y muy dúctil.
Así estuvieron hasta que encontraron nuevos socios. Fue en eso que llegaron Jorge Sitnisky Silverstein y, luego, Carlos Braun Lloyd, que va a ser importante en la continuidad porque es él quien invita a Anselmo Palma Carrasco , quien estuvo hasta 2005, el año en que falleció. Braun y Palma padre eran amigos del Colegio Grange.
Palma Carrasco fue una persona hecha por sí mismo, en inglés, un self-made. Estudió un solo año de ingeniería, después se retiró y empezó con negocios. Era muy trabajador, trabajaba entre 12 y 14 horas diarias y era muy inquieto, según dicen quienes lo conocieron. Partió pintando casas. Un año después entró a la corredora LarraínVial como operador de cambio y ahí, yo creo, que empezó esta habilidad de buscar negocios. Todos dicen que era rápido con la mente y los cálculos matemáticos. Y sobre una persona muy querida por todos.

Él siempre tuvo una visión más práctica, bien enfocado en los números. Carlos Braun era más estratega, un poco más soñador, entonces se complementaban muy bien.
Pero a fines de los 80 él decide vender y ahí es cuando Anselmo Palma toma la opción de comprar el 100% de la compañía.
Su hijo, quien lleva el mismo nombre, Anselmo Palma Pfotzer, entró al negocio en ese tiempo. Ellos hicieron otro buen complemento. Anselmo hijo era ingeniero, había hecho un máster en la Universidad de Wharton, era bien financiero y muy estructurado.
Pero mientras a Palma Carrasco le gustaba el control y seguimiento de la operación, Palma Pfonzer era mucho más de la estrategia en la innovación, en la incorporación de nuevas tecnologías. Tenía mucho foco en la eficiencia, haciendo productos más livianos e incorporando más automatización.

La empresa, por ese tiempo, debía haber facturado alrededor de US$ 14 millones y ahí es cuando la dupla decidió dar un salto estratégico: atender a industrias. En los 90 fueron más allá y se especializaron con productos para el mundo agrícola, la exportación de fruta y entraron de lleno al mundo del retail.
Antes de eso, Wenco tenía muchos clientes pequeños como tiendas, ferreterías, almacenes. Pero luego toman a grandes industrias, y pasan a enfocarse más en la cadena, como Lider, por ejemplo. En el retail empiezan a desarrollar productos para ellos: muebles, sillas, mesas, reposeras, basureros. A principios de los 2000 empieza también todo el foco del reciclaje.
¿Qué había detrás de esa decisión?
En principio era más un tema de costo. El plástico tenía la gran ventaja que se podía reciclar. Fue una mirada más económica, de servir a los clientes. Fue como una necesidad también de meterse a un negocio que exigía por competitividad usar material reciclado. Pero también Wenco logró formalizar, a través de una empresa, todo lo que era la recolección y comprar todo formal. Eso nos dio pie para responder a todas las necesidades de sustentabilidad. Hoy, el 12% de nuestros productos son producidos con material reciclado y la ambición es llegar al 25%.
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